¿Qué son los Vínculos?

LA FUERZA DEL VÍNCULO:
NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE

— Establecer un vínculo personal puede llegar a constituir el sentido de nuestra existencia. Alimenta el alma propia y la del otro y es fundamental en la hermosa labor de ayudar a Dios en la educación de los hombres. Sin embargo, no parece ser una tarea fácil.

¿De dónde aprendiste lo que vibra en lo más profundo de tu corazón? ¿No fue de la gente que realmente te quiere? ¿No se te produce una cercanía especial con las personas que transmiten valores para ti centrales?

En el arte de educar la vinculación personal toma un papel preponderante. La educación supone comunicación con el otro, llegar al corazón de la otra persona, sacar lo mejor que hay en ella. Es un proceso que involucra lo afectivo, lo intelectual y lo volitivo, tanto en el educador como en el educando.
Establecer un vínculo personal puede llegar a constituir el sentido de nuestra existencia. Es fundamental toda vez que, citando a Don Bosco, hay que ”hacerse querer” de los educandos. Ese ”hacerse querer” es para el P. Kentenich, crear un vínculo personal con ellos. ”Muchos de nosotros experimenten un fuerte rechazo ante la idea de poner a la persona del educador (jefe) tan fuertemente en el centro. Pero una cosa es que el educador sea objeto de idolatría y otra que sea un retrato viviente de Dios. Si como educadores católicos machacamos siempre en hierro frío, terminaremos por cansarnos”.

528427_10151859217973362_612767090_n ¿Cómo es este vínculo personal?.

Qué nos dice el padre fundador de Schoenstatt:

”La vinculación -o dicho en otras palabras, el amor, el cariño espontáneo- posee dos fuerzas: una fuerza unitiva y una fuerza asemejadora. Son términos para expresar transmisión de vida. Es un intenso estar el uno en el otro y no el uno frente al otro. Yo estoy en ti, tú estás en mí, y los dos el uno en el otro”. El padre agrega que esta unidad de corazones se traduce en una semejanza de actitudes y formas exteriores de las personas que mantienen el vínculo. El que ama se asemeja a la persona amada.»

”Cómo quisiera en cada día ver nacer tu primavera,
en cada noche abrir tu puerta
a la mirada de la luna y las estrellas,
y al Amor.
Cómo quisiera que tus palabras
fueran luz de pleno día,
de esperanza y de alegría.”
Un Asunto de Leyes

Lo que está en el trasfondo de la vinculación personal -a la que el P. Kentenich añade el término ”orgánico” en oposición a ”mecanicista”- son dos principios denominados por él mismo como ley de transferencia y ley de traspaso.
Por la primera se entiende que Dios transfiere sus perfecciones, sus atributos, a hombres que lo representan, a causas segundas que hacen el papel de puentes de lo divino. ”Dios atrae al hombre mediante lazos humanos”, dice el padre. A estos representantes de Dios, que pueden ser mis padres, un hermano, un sacerdote, mi cónyuge, dirijo mi capacidad de entrega y mi necesidad natural de cobijamiento, de sentirme querido y aceptado.
La segunda ley, la del traspaso, responde a lo que San Agustín escribe: ”Para Ti Señor, has creado nuestro corazón”. Dios quiere que todo nuestro ser se oriente a Él. ”…Él nos alcanza desde lo alto –dice el padre- un lazo, una cuerda. Dios nos quiere ligar con lazos humanos. Quiere atraer a los hombres a través de los hombres. Por eso se preocupa que experimentemos el amor filial, paternal, o esponsalicio. Pero tira siempre ese lazo hacia arriba y no descansa hasta que todo esté ligado a Él”.
Ambas leyes aseguran un proceso orgánico: un triángulo (Dios-Causa Segunda-Hombre), integrador y no separatista: no ”mecanicista”. Un triángulo interactivo, vivo, no muerto.
Esta es la fuerza del vínculo. Aquí radica la poderosa energía creadora del vínculo: Dios se vale de él para transmitir y comunicar vida. Según el P. Kentenich ”Dios ha depositado en cada vida humana una de sus ideas. A través de cada hombre Él quiere realizar y encarnar una idea. Y mi tarea como educador consiste en encontrar esa idea de Dios y comprometer mis energías para que se encarne y realice en la vida de ese hombre. Si hablamos de un ideal de la educación, diremos: ”Heme aquí, modelando hombres según Tu imagen, Señor”.

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